miércoles, 19 de septiembre de 2012

Capítulo 18


Capítulo 18: El reencuentro.



Narra Dani.



No pegué ojo, los recuerdos con ella y las suposiciones de cómo podía transcurrir ese reencuentro invadieron mis pensamientos durante toda esa noche. Sentía miedo, miedo de que ella no quisiera saber nada de mi, de que hubiera encontrado a otro chico que la tratara como realmente merece, porque eso que dicen de que hay que desear lo mejor a la persona de la que estás enamorada es en parte mentira bajo mi opinión, porque siendo realistas... ¿quién quiere que la chica de su vida sea feliz con otra persona? Claro que quiero que sea feliz, pero que lo sea conmigo, como lo éramos antes.


Sé que la cagué, pero toda persona merece una segunda oportunidad, ¿no? Yo estaba completamente dispuesto a recuperarla, sabía que me iba a costar mucho, quizás más de lo que imaginaba, pero mi único objetivo era volver a estar con ella y poder enmendar mi error haciéndola la chica más feliz del planeta, porque ella se merecía eso y muchísimo más.


Me levanté de la cama con decisión, normalmente soy de esos que siempre llegan tarde a todos los lados, puede que en varios aspectos. Pero no quería llegar tarde, sabía que iba a verla, y quería cambiar esa imagen tan horrible que probablemente Cris tuviera de mi en esos momentos. Por esa razón había que empezar a cambiar malos hábitos, y por algo había que empezar. Por primera vez en mucho tiempo puse mi despertador y me levanté a la hora.


Durante la mañana me duché, me vestí, desayuné, hice la cama... ¿Sabéis qué? Tosas esas cosas tan cotidianas se hacían mucho más entretenidas cuando la tenía a ella al lado, ahora cada acto me recordaba a ella, a cómo siempre mantenía su sonrisa, hiciera lo que hiciera. Recordaba esa mirada suya a cada paso que daba por mi casa. Todo el tiempo que pasamos juntos en esas cuatro paredes había dejado huella, una huella imposible de borrar. Y en ese momento sólo esperaba que todo eso, algún día, pudiera repetirse, pero esta vez para siempre, sin dejarla escapar.


Porque de una manera u otra, el perderla a ella suponía el perderme a mí mismo.


Puse rumbo a los estudios de Otra Movida, este era nuestro primer día de ensayos y preparativos antes de que se empezara a emitir el programa. Aunque nosotros seguíamos todos con el mismo equipo. Los únicos nuevos eran Raúl Gómez, un chico que se dedicaría a hacer bromas por las calles de Madrid y Cristina Pedroche, mi Cris. Sabía que ella se acomodaría fácilmente en el equipo, con su simpatía se gana a todo el mundo y con los compañeros no iba a ser menos.


Durante todo el trayecto no pude dejar de pensarla, no quería que se sintiera incómoda con mi presencia, esperaba que no me guardara rencor. Llegué al aparcamiento de los estudios diez minutos antes de la hora en la que estábamos citados y no vi a nadie fuera, así que subí directamente a los estudios y nada más subir las escaleras me topé con Flo de frente:

Flo: ¡Hombre Martínez! ¿Qué tal el verano? Tienes colorcito y todo... –Dijo riéndose mientras me daba un gran abrazo, Flo es un amigo con todas las letras-.
Yo: Estuve unos días por Ibiza, por León y estos últimos los he pasado en Madrid, ¿y tú que tal por Los Ángeles? ¡Qué ya te pareces a las estrellas de Hollywood, macho!
Flo: Pues con la familia y eso, bastante bien la verdad...


Y así nos fuimos hasta su despacho, que su nombre era tan peculiar como él, “Flocucción”. Allí me dio el primer guión para practicar el programa piloto. Me puse a leerlo y vi la parte del reportaje de Cris. Me quedé embobado mirando su nombre... ¿en serio iba a poder hablarla en plató como si nada? Lo cierto es que cada vez estaba más nervioso, la iba a ver en cuestión de minutos. Y sabía que me iba a costar aparentar normalidad, sobretodo porque se me caía la cara de vergüenza cada vez que recordaba lo que la hice. Pero bueno, esto es trabajo, y aunque cueste hay que dejar estos asuntos a un lado por unos instantes.


Flo notó como mi mirada seguía clavada en la parte del repor de Cris:

Flo: Sé que te va a costar, pero por favor, no quiero movidas. Tú ya sabías que ella iba a estar aquí y que este momento tenía que llegar... –Dijo dándome una palmada en el hombro-.
Yo: -Desvié por fin la mirada del guión y la cambié al suelo-. ¿Sabes si ella está aquí?
Flo: Estará por la cafetería de la calle de al lado con Moni, ha llegado muy pronto y la he dicho que podía irse a tomar algo y así de paso va conociendo a sus compañeros... –Sonreí inconscientemente, ¿la causa? Sí, ella y su manía de llegar siempre pronto a todas partes, jamás llega tarde a ningún sitio. Esa es una de nuestras muchas cosas diferentes, pero dicen siempre que lo diferente atrae-.


Fueron pasando los minutos y la gente fue llegando, todos estábamos en el comedor, reunidos alrededor de una mesa y contándonos las típicas batallitas del verano. Más que compañeros, eran amigos. Me reía de oírles decir tonterías y chorradas, aunque yo nunca era menos. Pero esa sonrisa provocada del buen momento que estábamos pasando se transformó en una sonrisa nerviosa cuando la vi aparecer por la puerta. Iba con Moni, Anna y Mary. Pero en este momento yo sólo tenía ojos para ella.


No sabía si apartar la mirada o seguir con mi vista clavada en ella, pero lo cierto es que el no verla desde hacía tanto tiempo me hizo imposible el hecho de parar de mirarla. Estaba preciosa, entrón con esa sonrisa que siempre lleva por bardera y que a todos encandila. Lucía más morena todavía de lo ella ya es de por sí. En definitiva, estaba perfecta, como siempre ha sido, es y será.


En un primer momento nos pusimos todos en pie para saludar a las chicas una por una y observé como ella ni tan siquiera se dio cuenta de mi presencia. Estábamos todos dispuestos como en una especie de corro, primero saludé a Mery, con la que me llevaba genial.


A los pocos segundos ella se acercó a mi dándome dos besos, esos dos besos en los que me di cuenta de que me sabían a poco, pero no me podía quejar, después de todo está demostrando que es toda una mujer con el simple hecho de saludarme cordialmente. Acompañó esos besos con un “hola” y siguió saludando y conociendo al resto de la gente. Me sorprendió que actuara como si nada hubiese pasado, había sido muy fría, pensaba que la iba a costar mucho más verme de lo que demostró. Pero la vida te da muchas sorpresas.


Me quedé como en una nube tras volver a apreciar ese perfume suyo tan peculiar, tan suyo, tan dulce... esa mezcla de manzana y vainilla que siempre me había vuelto loco.


Al momento de sumergirme de mis pensamientos vino Anna a sacarme de ellos:

Anna: ¡Martínez, baja a la tierra anda! –Dijo con una de sus adorables carcajadas-.
Yo: Ya estoy en la tierra abuela... ¡Ven aquí! –Y la abracé, ella es una amiga de las que ya no hay para mí, siempre me controla y me da consejos cuando los necesito, y ahora, si nque yo la dijera nada, no iba a ser menos-.
Anna: -En mi oído- Deja de comerla con la mirada y cuando sea, no la presiones, intenta hablar con ella y aclarar las cosas. –Me dijo con una sonrisa tierna-.


Anna era de las pocas personas a las que comenté lo mío con Cris. Ella jamás estuvo de acuerdo con lo que hice, pero digamos que en parte entendió que aunque la cagara, era para protegerla, aunque al final acabara haciéndola más daño.


La charla en el comedor continuó durante unos minutos más y ella estaba en la otra punta de la mesa, no me había mirado en ningún momento, al contrario que yo, que pese a que Anna me lo advirtiera no pude dejar de observar detenidamente esa preciosa sonrisa, esos ojos marrones, enormes. Lo admito, el volver a verla no ha hecho si no más que confirmar mis sospechas, la seguía queriendo igual o incluso más que antes.


Soy de los que tienen la opinión de que todo lo malo que te pase siempre tiene algo positivo. Y el haber hecho eso que hice y no volver a verla hasta ahora, me ha hecho darme cuenta de que la quiero y que no puedo vivir sin ella. Por primera vez en toda mi vida estoy seguro de algo, y es de que no la puedo dejar marchar otra vez, porque entonces podría ser definitivo. Tengo que luchar por ella y recuperarla.


Veía como Flo le daba su guión y la gente empezaba a marcharse cada uno a un lado ya que Mery nos había comunicado que en quince minutos empezábamos con los primeros ensayos. Vi como Cris salía por la puerta, suponía que se dirigía a su camerino. Así que salí del comedor y fui corriendo por el pasillo, no aguantaba más, tenía que hablar con ella cuanto antes.


Cuando la vi a punto de entrar en su camerino la detuve agarrándola del brazo, lo que ella hizo que se girara y después de tanto tiempo nuestras miradas volvieran a chocarse.


domingo, 16 de septiembre de 2012

Capítulo 17


Capítulo 17: Cambios.


Narra Dani.


Han pasado unos meses desde que vi por última vez a Cris y ahora  mismo no puedo sentirme peor. Hice la mayor estupidez del mundo y no sabéis cuanto me arrepiento, pero ahora mismo me da vergüenza de mí mismo y de mis actos y no puedo ir a ella a pedirle un simple “perdón” y esperar que todo vuelva a ser como antes, las cosas no funcionan así... La dejé tirada en el momento en el que más lo necesitaba sin aportarla ninguna razón convincente, y el saber que ahora ella lo está pasando realmente mal por mi culpa me destroza por dentro.


Os explicaré la situación porque ahora mismo quizás no entendáis absolutamente nada:


El día que preparé esa comida a Cris en el parque de la sierra de Madrid todo fue perfecto, como siempre que estaba con ella, pero las cosas se torcieron a la vuelta a casa... Mi coche se quedó parado cerca del lugar dónde habíamos comido, en el mismo descampado. Por más que intenté arreglarlo no hice más que mancharme y por suerte tenía una camiseta limpia en el coche y pude cambiarme. Finalmente tuvimos que llamar a una grúa a que viniera a por el coche y a recogernos. Tardó alrededor de dos horas y media en llegar, ya que el lugar no era ni transitado ni muy conocido... En esas horas estuvimos fuera del coche, no sé cómo, pero nos pillaron en una famosa revista, además no eran unas fotos cualquiera, en esas fotos salíamos besándonos, lo normal en una pareja vamos... pero lo que parece ser que a la gente no le parecía tan normal era que “el chico de Tonterías las Justas y la reportera de Se Lo Que Hicisteis” estuviesen juntos, supuestamente éramos la competencia, y muchos fans no se lo tomaron demasiado bien, más en concreto mis fans.


Las fotos salieron publicadas a la semana y media más o menos de que nos las tomaran... El día que me enteré que nos habían pillado tuve una sensación muy extraña... En un primer momento me sorprendió bastante, no comprendía como le podía interesar a ese tipo de revistas mi vida. Tan sólo soy un chico normal de León que trabaja en televisión.  Pero eso no era lo que más me impactaba...


La manera en que los fans se hicieron eco de todo esto fue brutal... Twitter estaba lleno de cosas relacionadas con los dos, unas buenas y otras no tanto. Pero como a casi todas las personas, desgraciadamente siempre nos afecta más lo negativo que lo positivo. Y admito que fui un gilipollas por completo y que no supe llevar la situación como un adulto, pero al ver que la gente empezaba a meterse con Cris y al saber cómo es ella y la manera en que le afectan todas esas críticas... tuve que cortar por lo sano, pero ahora sé que lo más “sano” no fue dejar de quedar con ella, dejar de llamarla, no contestarla a los Whats que me enviaba, no contestar a sus llamadas... Fui un capullo con ella y no se lo merecía, quería que dejaran de criticarla e insultarla y no se me ocurrió otra opción en esos momentos.


Lo que peor me hace sentir es que yo sé perfectamente que ella ahora mismo me necesitaba a su lado, y digo “necesitaba” porque estoy seguro de que ahora mismo si ella escuchara o viera algo de mí sentiría asco, más o menos el mismo asco que siento yo de mí mismo en esta situación. Ella ahora mismo no está pasando un buen momento, la mayor culpa de todo esto soy yo, pero aparte de este tema, el “Selo” acabó para siempre, y conociéndola como la conozco estoy convencido de que lo ha pasado fatal.


Ha pasado todo un verano y mi programa “Tonterías las justas” también acabó poco tiempo después que el suyo, pero no era la misma situación, nosotros continuábamos con el mismo equipo en otro programa similar en Neox, una nueva cadena para nosotros. El programa comenzaba en una semana y los ensayos y las primeras reuniones eran mañana... y ¿os acordáis de todo lo que opinaba Cris sobre el destino? Pues un hecho que sucedió días atrás me ha hecho creer firmemente en su teoría.


Antes no he matizado bien, en la nueva cadena comenzábamos no con todo el equipo, si no que había un puesto que quedó libre, el de reportera... Romina no iba a formar parte de este nuevo proyecto y creo que el destino me ha puesto una gran prueba por delante, porque, ¿en quién creéis que pensó Flo para sustituirla? Pues sí, en ella, en Cristina Pedroche. El destino me la iba a volver a poner en mi camino, ¿y eso me gustaba? Pues en parte sí y en parte no. Sí porque aunque no lo pareciese, yo la seguía queriendo y estoy seguro de ello porque todo lo que he sentido y sigo sintiendo por Cris no lo había sentido jamás con nadie y aunque podría estar con una chica cada noche, por primera vez en toda mi vida, no lo hice. Y en parte no porque sabía que me iba a costar hasta llevarme bien con ella y ya ni os digo lo de recuperarla.


Obviamente Flo antes de llamarla me consultó y me pidió opinión, y no pude negarme a nada. Ya había sido bastante egoísta hasta el momento, ahora tocaba afrontar la situación de una vez por todas y dejar de comportarme como un estúpido. Sabía que cuando Cris entrara a formar parte del equipo lo iba a hacer genial, como todo lo que hace ella. Pero también sabía que en el momento en que nos viéramos, e incluso antes los dos íbamos a estar bastante incómodos... pero al que le tocaba intentar arreglar la situación era a mí, porque yo fui el que la cagué y la que merece ser feliz en su trabajo es ella, que me consta que ya ha sufrido bastante.


Pensé en mandarla un Whats o incluso en llamarla, pero ahora mismo, ¿de qué serviría? Ya hemos estado todo un verano sin vernos, sin hablarnos, en definitiva, cero contacto entre nosotros, y justo un día antes del reencuentro, ¿iba a hacerlo? No, creo que ella pensaría peor de mí si cabe, porque dudo que ahora mismo quiera ni tan siquiera mirarme a la cara.


Es de noche y al entrar en mi cama me invaden los recuerdos como siempre, es inevitable no recordarla cada noche. Cuando estaba en mi cama y al despertar lo primero que veía era a ella mirarme detenidamente, como ella siempre antes de abrir los ojos se llevaba las manos a la cara, esas sonrisas que le salían dormida cuando soñaba cosas bonitas y esos pucheros que hacía cuando estas se cambiaban por pesadillas, y como cada vez que esto pasaba yo la daba la mano y aunque estuviera dormida eso parecía calmarla... La echaba de menos, es incomprensible como la dejé escapar al intentar protegerla de las críticas de los demás y como al final acabé haciéndola tanto daño, en realidad nos lo estaba haciendo a los dos, porque aunque no lo creáis, yo la he llorado muchas noches y muchos días al saber que la había perdido por gilipollas...


No puedo dormir, estoy en la cama y no consigo conciliar el sueño. Mañana no habrá quien me vea con las ojeras que llevaré. Mañana la veo y eso me pone nervioso, todavía no sé que haré cuando la tenga enfrente, ¿la saludo como si nada? ¿Pero acaso querrá saludarme? ¿actuará como si nada hubiese pasado o me guardará rencor? Mil preguntas rondan mi cabeza ahora mismo, pero todas las respuestas sólo las sabré mañana, cuando vuelva a chocarme con esa preciosa mirada de ojos enormes.


martes, 11 de septiembre de 2012

Capítulo 16

Capítulo 16: La mejor comida.


Narra Cris.



Los despertares entre nosotros se estaban convirtiendo en uno de los mejores momentos que podíamos tener, el hecho de que lo primero que viera al despertar fuera a él junto a mí, me alegraba el día, digamos que ponía color a las mañanas.


Nada más abrir los ojos me di cuenta de que este no era un despertar como los otros, normalmente era yo la que se despertaba primero siempre y la que se quedaba un rato observándole dormir; pero esta vez parece ser que habíamos intercambiado los papeles. Mi primera imagen al despertar era él mirándome detenidamente con sus preciosos ojos verdes. Al analizar el panorama, giré en la cama y me puse mirando para el lado en el que él no estaba tapándome la cara, es extraño, me gustaba verle dormir, pero que el lo hiciera conmigo me daba cierto reparo, como vergüenza... Yo quería que Dani siempre me viera perfecta, y digamos que por la mañana recién despertada mi cara no debía estar muy bonita:

Dani: ¿Por qué te das la vuelta si ya sé que estás despierta? –Dijo con una leve risa-.
Yo: No quiero que me mires, estoy fea... –Dije aún girada y sin mirarle-.
Dani: No estás fea Cris. –Dijo objetándome-.
Yo: Estoy sin maquillar, con los ojos hinchados aún y probablemente con legañas, ¿tú crees que estoy guapa?
Dani: Claro que lo estás... –Dijo mientras me cogía del brazo obligándome a que girara para mirarle y apartando las manos de mi cara-. A mí me parece que estás mejor así que maquillada, aunque de la otra manera también estás muy bien...
Yo: -Mirándole de una vez por todas y esquivando mi vergüenza- Eso no es verdad, lo dices porque me has cogido cariño...
Dani: No es que te haya cogido cariño, es que te quiero.


En ese momento sobraban todas las palabras, creo que cualquier cosa dicha estaba fuera de lugar, así que simplemente me abalancé sobre él a besarle, no fue un beso demasiado pasional, fue más bien sentimental, porque con él quería demostrarle con actos mi respuesta, ese “Yo también te quiero” creo que se podía llegar a demostrar mejor de esta manera que de cualquier otra:

Yo: -Separando nuestras bocas un instante- ¿Te ha valido mi respuesta? –Dije en un susurro mientras apoyaba mi cabeza sobre su torso desnudo-.
Dani: No podría haber estado mejor pequeña... –Depositando un suave beso en mi cabeza-.
Yo: Dani... –Dije en un tono de niña pequeña- ¿Qué hora es?
Dani: Las once y media –Dijo con el mismo tono que yo, lo que provocó una carcajada en mí y que le diera un pequeño golpe en el hombro-.
Yo: Tonto... Me tengo que levantar ya que tengo repor dentro de hora y media... –Hice el amago de levantarme pero Dani me detuvo-.
Dani: Cris, cariño... ¿estás bien? –Preguntó mirándome de una manera extraña mientras fruncía el ceño-.
Yo: Sí... ¿por? –Respondí desconcertada-.
Dani: Cristina, hoy es fiesta, no se trabaja...
Yo: ¿En serio? ¿Hoy no hay que ir a trabajar? –Pregunté sorprendida-.
Dani: -En medio de una carcajada- En serio...
Yo: Pues me había traído hasta el guión del repor...


Él seguía riéndose de mí y yo que estaba sentada en la cama con las piernas cruzadas le fui a dar un golpe en el hombro, pero él me vio las intenciones y me detuvo agarrándome de los dos brazos, uno con cada mano de manera que perdí el equilibrio y quedé casi encima de él, a milímetros de su boca. Sentía como me provocaba al mirarme fijamente y con su manera de sonreírme, era esa sonrisa pícara, como chulesca, en definitiva era esa sonrisa que me volvía loca. Cuanto más tiempo me miraba así más sentía la necesidad de besarle, pero ese “orgullo” que tenemos cuando nos estamos picando me impedía hacerlo. Así que recordé esa frase que me dijo una vez... “Pedroche, deja de provocarme y empieza a besarme”:

Yo: Quizás esto te suene de algo pero... Martínez deja de provocarme y...


No me dejó ni tan siquiera acabar la frase, se apoderó de mi boca enseguida y comenzó a besarme, a diferencia de el anterior beso, este era más pasional, alternábamos nuestra guerra de besos entre las diferentes partes de nuestros cuerpos. Cada uno de sus besos me hacía estremecer como si fuese el primero, porque cada uno lo daba de una manera diferente, cada uno era especial y ese hecho a mí me hacía sentir única. El juego entre nuestros labios, como casi siempre, fue a más y acabamos haciendo el amor una vez más en su cama, mi lugar ya favorito en su casa.


Al acabar fuimos a la cocina a desayunar, como siempre entre nosotros  el desayuno estuvo lleno de miradas y sonrisas cómplices y sobretodo juegos, muchos juegos.


Es extraño, pero cada vez que estaba junto a él me sentía a veces una niña y otras veces una mujer, sólo él sabía sacar todas mis facetas, es como si desnudara mi personalidad ante él, era tal y como soy yo, no tenía que fingir nada, y creo que a él le gustaba así y supongo  que eso era lo que me hacía totalmente feliz.


Al acabar de desayunar empezamos a recoger y fuimos los dos juntos a la habitación para hacer la cama, si alguien nos viera desde fuera se creería que somos tontos, pero quizás ese sea el tonteo de enamorados, ¿no? Hacer cosas sin importarte lo absurdas que sean si con eso eres feliz... Porque yo siempre he creído que una misma situación puede ser mejor o peor dependiendo de la persona a la que tengas al lado; y ahora mismo un hecho tan simple y teóricamente aburrido como hacer una cama, me parecía un gran momento si él estaba conmigo.


Al finalizar fui al baño mientras él se quedó en el salón ojeando el Twitter, me asee y me cambié, tenía pensado irme a casa ya que llevaba unos días sin aparecer por allí y mis padres tendrían ya ganas de verme. Una vez arreglada me dirigí al salón a coger mi bolso y despedirme de Dani, pero él se sorprendió al verme así:

Dani: ¿Te vas?
Yo: Sí, me voy a casa que llevo días sin pasar por allí y mis padres se preocupan...
Dani: Pero luego vuelves... ¿no? –Preguntó ilusionado-.
Yo: No sé Dani... Tengo que estar también en mi casa, te recuerdo que vivo allí...
Dani: No hacía falta que me lo recordaras, por desgracia lo sé... –Inconscientemente se formó una gran sonrisa en mi cara, ese “por desgracia”... ¿me podría estar indicando que él desearía que estuviera todo el tiempo en su casa?-. Pero mira, te propongo un trato, ¿vale?
Yo: Primero proponme y luego ya te digo si vale o no vale –Guiñándole un ojo-.
Dani: Pues mira, te propongo... –Dijo devolviéndome el guiño de ojo-  Puedes ir a casa de tus padres, les saludas, te cambias, estas un rato con ellos y a la una y media te paso a recoger... que te voy a dar una sorpresita... ¿Quieres?
Yo: Dani, eso es chantaje, si me dices lo de la sorpresa ya no puedo decirte que no... –Dije poniendo pucheritos como una niña pequeña-.
Dani: Ese era mi objetivo –Dijo mientras me depositaba un pequeño beso en la frente-. Anda, tira para tu casa, y luego no me hagas esperar mucho, ¡ah! Y apúntame la dirección...


Cogí de mi bolso un bolígrafo un papel y le apunté la calle y el portal, al acabar volví a colgarme el bolso y me dirigí de nuevo hacia él:

Yo: No me eches mucho de menos. –Dije sonriente-.
Dani: No me pidas imposibles...


Y nos despedimos con un dulce beso en los labios, no miento si digo que cada vez me encandilaba más con sus detalles, con sus besos, son sus... sorpresas, ¿qué tendría pensado este chico? Fuera lo que fuese estaba convencida de que me iba a encantar, porque el simple hecho de que preparara algo únicamente para mí me hacía sentir muy especial, me hacía sentir una chica única y afortunada en el mundo.


Me dirigí a la puerta con seguridad y me marché.  Durante el trayecto a mi casa, no pude dejar de pensar en él, en cierta manera me daba miedo sentir tanta dependencia hacia él, pero me calmaba pensar que nunca podría hacerme algo que me hiciera daño, porque estoy segura de que me quiere al igual que yo a él.


Al llegar a casa mis padres estaban ahí, me saludaron más efusivos que normalmente, había estado unos días fuera, pero creo que están empezando a sospechar que hay alguien importante en mi vida, porque por más que intento disimular, cuando llego a cualquier lado voy más alegre que nunca, y eso que yo de por sí soy bastante alegre... no sé, me gusta sonreírle al mundo, soy de esas personas que creen que hay que disfrutar al máximo cuando uno está bien, porque la tristeza y los malos momentos ya llegarán por sí solos.


Estuve hora y media más o menos con mis padres, pero ya faltaba menos de media hora para que Dani pasara a recogerme y me fui para mi baño a ducharme y maquillarme. Al acabar revolví todo el armario, ya que él me estaba preparando esa sorpresa, a mí me apetecía ponerme guapa para él. Pero tampoco sabía en el lugar en el que íbamos a estar, así que decidí ponerme algo sencillo pero elegante a la vez. Me decanté por un vestido corto marrón con unas sandalias planas azules. En el pelo me hice una simple coleta y volví a preparar mis cosas... No sabía si esta noche dormiría en casa o al final él me liaría y acabaría una vez más en la suya... Así que me preparé de nuevo una bolsita con pijama, ropa y muda de cambio y el neceser.


Se me echó el tiempo encima y a los dos minutos Dani ya me estaba dando un toque, me asomé a la ventana y le vi ahí, de pie y apoyado en su coche blanco con una de sus habituales camisas a cuadros... me encantan como le quedan, bueno, en realidad siento que me encanta él.


Salí disparada de mi habitación hacia el salón para despedirme de nuevo de mis padres y decirles que no me esperaran esta noche... La verdad es que es normal que sospechen, últimamente casi no piso mi casa.


Al bajar las escaleras y abrir el portal Dani me vio y me dirigí hacia él sonriente. Me quedé parada frente a frente con él y sin decirle ni una palabra le rodeé el cuello con mis brazos y me abalancé sobre él a besarle pasionalmente, parecerá una tontería, pero ya le echaba de menos:

Dani: -Separándose de mi tras finalizar el beso- Joder como viene la Vallecana... ¡Qué intensidad la tuya chica!


Yo simplemente me limité a reír y entré en el coche, el viaje como siempre fue de lo más divertido, Dani no sólo era así delante de las cámaras, detrás era igual o más gracioso con sus tonterías que tanto me hacían reír. Yo estaba muy intrigada por saber el destino, pero Dani siempre me respondía con cosas como “No seas impaciente”, “Ya lo verás” o “No te voy a decir nada”...


Creo que habíamos llegado al misterioso destino, porque Dani aparcó y salimos los dos del coche, aparentemente era un lugar donde no había casi nada, sólo veía césped y no había nadie, Dani fue al maletero y cogió algunas bolsas que al no ser transparentes no me dejaban acertar el contenido:

Yo: Dani... ¿A dónde vamos? ¡Esto está desierto!
Dani: Anda... Deja de decir cosas antes de ver nada y camina... –Me cogió la mano y caminamos juntos hasta detrás de una zona bastante arbolada, y al alzar la mirada al paisaje fue donde comprendí el por qué Dani me había llevado hasta ese lugar-.
Yo: Joder... Esto es precioso Dani... –Dije apretando un poco más de lo normal su mano de la emoción y aguantando que saliera alguna que otra lágrima de mis ojos mientras se me quebraba la voz-.
Dani: Va, no te me pongas tierna todavía que aún tenemos que comer... –Depositando un suave beso en mi mejilla-.


Entonces sacó de esas bolsas un pequeño mantel que extendió en el mismo césped y encima puso comida que debía haber preparado él por la apariencia que tenía... Yo no me lo podía creer, me quedé embobada mirándole y pensando para mí: Él, ese chico al que conocía hace apenas unas semanas, había preparado para mí una comida en un lugar maravilloso desde él que se veía la sierra de todo Madrid... Esto no me lo había preparado jamás ningún novio, ni con relaciones cortas ni largas... él era el único que se había molestado en tratarme como una verdadera princesa y lo mejor es que así me sentía yo.


No pude evitar esta vez que se derramaran algunas lágrimas de emoción por mis mejillas al sentarme en ese césped...

Dani: ¡No llores tonta! –Dijo sosteniendo mi cara entre sus manos-. ¡Qué tenemos que comer y no vamos a convertir esto en un mar de lágrimas!-.
Yo: Tenemos que comer sí... –Dije secando con mis manos mi rostro-. Pero yo tengo un problema...
Dani: ¿Qué problema?
Yo: Que yo sólo quiero comerte a ti y a besos...


Otro momento más en el que no hacía falta decirnos nada. Tan sólo comenzamos a besarnos, sin importarnos el tiempo, olvidándonos del mundo, estábamos centrados tan sólo en nosotros, tal y como a mí me gustaba.


Y así comenzó la que se podría llamar la mejor comida de mi vida, la más especial, la más bonita y lo más importante de todo... la mejor compañía.


sábado, 1 de septiembre de 2012

Capítulo 15

Capítulo 15: Nuestro amor.


Narra Cris.



El trayecto hacia su casa pasó rápido, yo iba sumergida en mis pensamientos, la pelea con Patri me había dejado bastante tocada moralmente, me sentía mal por haber discutido con ella ya que sabía que todo lo que me decía, me lo decía por mi bien, pero no podía evitar que me molestara mucho que no confiara en Dani, porque yo sí lo hacía, y creo que era la principal que tenía que hacerlo.


Al llegar, Dani aparcó el coche y nos bajamos los dos, cogí mi bolso en una mano y a los pocos segundos sentí como su mano agarraba la que yo tenía libre, probablemente sea una acto bastante normal, pero para mí que Dani me cogiera la mano para caminar juntos, me hacía sentir muy afortunada y especial.


Íbamos los dos andando hacia su portal cuando me depositó un pequeño beso en la frente mientras me soltó la mano para abrazarme esta vez:

Dani: Pequeña, no quiero que estés mal, ¿vale? –Dijo mirándome a los ojos dulcemente- ¿Quieres que vayamos a algún lado hoy y así te despejas?
Yo: No hace falta Dani, estarás cansado de trabajar... –Dije con una sonrisa tierna intentando parecer convincente- Yo si quieres me voy y ya nos vemos mañana, ¿no?
Dani: ¿A ver si la que estás cansada eres tú? ¿Tan pronto te quieres deshacer de mí? –Me preguntó aparentando estar triste-.
Yo: ¡No, eso jamás! Si sabes que estoy deseando pasar tiempo contigo, tonto. –Dije poniéndome de puntillas para dejarle un dulce beso en sus labios, esos labios que me encantaban-.
Dani: No intentes distraerme dándome besitos, que nos conocemos. –Dijo sonriendo a tan sólo milímetros de mí en medio de la calle-.
Yo: ¿Qué pasa, que no te gustan? –Le dije intentando provocarle-.
Dani: Afloja Pedroche, que estamos en medio de la calle... –Dijo soltando una carcajada y apartándose de mi para volver a coger mi mano-. Bueno, entonces qué te pasaba, ¿no te apetece salir? –Mientras seguíamos caminando-.
Yo: Pues la verdad es que no tengo muchas ganas... Prefiero estar un ratito contigo en tu casa y luego ya más tarde me voy a la mía, ¿vale?
Dani: No hace falta que te diga que te puedes quedar conmigo esta noche otra vez, ¿no?
Yo: Dani, ya me quedé anoche y te recuerdo que tengo unos padres esperándome en casa... –Dije mirándole a los ojos mientras llegábamos al portal-.
Dani: Y yo te recuerdo que tus padres te tienen siempre en casa y yo sólo te estoy pidiendo que te quedes una noche más, ¿no me vas a dar el capricho? –Dijo mientras me miraba a la vez que intentaba abrir la puerta-.
Yo: Ahora el niño ha resultado ser un caprichoso... –Solté una carcajada al observar que seguía mirándome y todavía no había conseguido meter la llave- Y deja de mirarme y abre de una vez que si no nos podemos pasar aquí toda la noche... –Dije aún riéndome mientras él abría de una vez por todas-.
Dani: ¿Eso quiere decir que te vas a quedar toda la noche? –Dijo con una sonrisa un tanto satisfactoria-.
Yo: Eso quiere decir que ya veré. –Mientras subíamos las escaleras, yo delante y el detrás de mi-.


Al llegar a su puerta me aparté un poco para que él pudiera abrir y cuando entramos me dijo:

Dani: Pedroche, recuérdame que siempre subamos en este orden. –Mi cara de desconcierto era notable-.
Yo: ¿Y eso por qué? –Mientras me quitaba la chaqueta y dejaba el bolso en el salón-.
Dani: -Abrazándome por detrás- Es que tengo unas buenas vistas... –Bajando una de sus manos hasta mi trasero-.
Yo: ¡Eres un cochino! –Dije apartándome de él mientras le solté un pequeño golpe en el hombro; él como siempre se reía, y yo así era incapaz de enfadarme con él-.


Me dirigí al sillón y nada más sentarme me quité por fin los tacones, me estaban haciendo polvo los pies, a los pocos minutos ya estaba Dani a mi lado en el sofá:

Dani: ¿Estás cansadita o qué? –Dijo con comprensión-.
Yo: Sí, es que este es mi único día desde hace dos semanas que no me toca hacer repor por la tarde, y tantos días te agotan un poco, y todo se complica un poco más cuando tienes que hacerlo con eso... –Dije señalando los tacones que me acababa de quitar-.
Dani: Bueno, pues ahora relájate conmigo y luego ya pedimos la cena, ¿vale? –Dijo mientras se tumbaba en el amplio sillón y señalándome para que me tumbara con él-.
Yo: ¿Ya das por hecho que me voy a quedar? –Dije acomodándome mientras dejaba caer mi cabeza sobre su pecho-.
Dani: Sabes perfectamente que lo harás, lo estás deseando... –Dijo soltando una leve risilla chulesca-.
Yo: Pero si me quedo es porque yo quiero, ¿eh? No porque tú me lo pidas... –Los dos reímos y Dani cogió el mando de la tele-.
Dani: Claro, claro... ¡Lo que tú digas! –Depositando un dulce beso en mi cabeza-. ¿Quieres que veamos alguna peli?
Yo: ¡Pues por supuesto que es lo que yo digo! –Dije en un tono mandón-. Y pon una peli sí, que tengo ganas de ver alguna-.


Pusimos un canal en el que echaban muchas películas a lo largo del día, estuvimos viendo  una a la cual sinceramente no le presté mucha atención, estábamos más pendientes de darnos besitos, dejarnos caricias y mirarnos entre nosotros que de la peli.


Me encantaba esta situación, estábamos los dos juntos, sin hacer absolutamente nada, simplemente dedicándonos el uno al otro, dándonos amor. Prefería mil veces estar así en su casa que estar haciendo cualquier otra cosa. Éramos felices con el simple hecho de estar juntos, y para mí eso era algo parecido al paraíso.


Al acabar la peli Dani fue  a llamar a un restaurante italiano a que nos trajeran la cena, la comida italiana era mi favorita. Yo mientras llamé a mis padres para decirles que hoy tampoco iba a dormir, lo sé, nunca puedo negarle nada, si él me pide que me quede, yo me quedo.


Supongo que estos son los efectos secundarios del amor, que tu vida ya no depende únicamente de ti, si no que empiezas a depender  de esa persona y a actuar por lo que tu pareja te pide. Y para qué negarlo, yo también me moría de ganas de pasar todo el tiempo posible con él, de dormir abrazada a él y que lo primero que viera al despertar fuera a él.


Al terminar los dos de hablar por teléfono decidí ponerme el pijama y me dirigí a su habitación dónde lo dejé la noche pasada:

Dani: ¿Dónde vas? –Me dijo en un tono más alto mientras yo iba por el pasillo-.
Yo: ¡A ponerme el pijama! ¿Qué pasa, que no puedes estar ni un minuto despegado de mi? –Dije a voces desde la habitación mientras me desvestía-.
Dani: Pues no. –Dijo en mi oído susurrando provocando que me sobresaltara- No puedo.
Yo: ¡Joder Dani! ¡Me has asustado! –Dije alterada- No me vuelvas a dar esos sustos...
Dani: -Riéndose- Miedica... –Dijo en bajito para otro lado aunque yo le escuché y le miré indignada- ¿Sabes que estás muy sexy cuándo te cambias? –Sentándose en la cama mientras me observaba-.
Yo: Deja de mirarme así anda... –Dije cuando acabé de ponerme mi pijama, unos shorts con una camiseta de Pluto- ¡Eres un mirón!
Dani: ¡Y para tu desgracia también un tocón! –Entonces fue cuando me agarró por la cintura y me tiró a la cama poniéndose encima de mi y comenzando a hacerme cosquillas-.
Yo: ¡Dani para! –Dije con la voz entrecortada de la risa que me provocaba- Dani jolín... ¡Para!


Y paró entonces, quedando encima de mí con una separación mínima entre nuestros rostros. Nos quedamos mirándonos a los ojos durante un tiempo, parecía como si se hubiese detenido el mundo en ese instante y tan solo estuviéramos nosotros, como si no existiera nada más que nosotros. Me perdí en su mirada, esa mirada que tan loca me volvía, con la que ahora sé que no podría vivir sin verla otra vez. Porque cada vez que le miraba sentía que mi dependencia hacia él era cada vez mayor.


Pero desgraciadamente estos instantes no duran toda la vida, y el sonido del timbre nos interrumpió:

Dani: Joder, que oportunos... –Dijo incorporándose y levantándose de encima de mi para ir a abrir la puerta-.
Yo: Cenamos y después tenemos toda la noche para los dos solitos –Dije sonriéndole tiernamente, sabía perfectamente que le había fastidiado tanto como a mí que nos interrumpieran ese momento- No te preocupes mi amor...


Sí, por primera vez le había llamado “mi amor”, no fue algo forzado ni por compromiso, verdaderamente me salió de dentro. Nunca le había llamado así a ninguna pareja de las que había tenido, y eso que fueron relaciones largas, pero con él me salió natural. Es algo difícil de explicar, sólo llevábamos unos días, pero todo lo que sentía por él era demasiado intenso. Realmente sentía que estaba enamorada, aunque acabáramos de comenzar, sabía que esto que sentía era muy especial, quizás lo más especial que había sentido en mi vida.


Salí de mis pensamientos y volví a la realidad cuando Dani me llamó desde el salón, la cena ya estaba lista. Pusimos la mesa entre los dos y al sentarnos él empezó a mirar extraño:

Yo: ¿Qué te pasa? –Pregunté intrigada-.
Dani: ¿Te has dado cuenta de que es nuestra primera cena juntos? –Sonreí inconscientemente, me asombraba que siendo un hombre se acordara y tuviera presente estos detalles- ¿No crees que es muy poco romántico?
Yo: ¿Y qué quieres que hagamos? –Dije soltando una carcajada-.
Dani: Espérame aquí un momento, ahora vuelvo... –Dijo mientras se levantaba de la silla y se dirigía después a la cocina-.


Cuando le vi aparecer no me pude reír más, llegó a la mesa y colocó en ella una velita apagada y un vaso de agua pequeño que dentro llevaba una flor que acababa de cortar de una maceta que tenía en la cocina. Encendió con un mechero la vela y volvió a sentarse:

Dani: Pues ya está, ya le he dado el toque romántico, ahora sí podemos empezar...
Yo: ¿Romántico? ¿O cutre más bien? –Me miró con cara de ofendido pero yo no podía parar de reírme- Pero espera, ya que estamos en plan cutre, vamos a hacerlo bien...


Me levanté yo esta vez y me dirigí a la cocina, rebusqué para encontrar lo que quería y cuando lo hice volví al comedor para sentarme con Dani. Dejé sobre la mesa dos copas de champán llenas de coca-cola:

Dani: ¿Copas de champán para coca-cola? –Dijo mientras me miraba riéndose a más no poder- Si que somos cutres sí... Pero sirve perfectamente para brindar, ¿no? –Añadió más calmado-.
Yo: Pues brindemos entonces. –Dije sonriéndole tiernamente-.
Dani: ¿Por el amor? –Mirándome de nuevo a los ojos-.
Yo: No, por nuestro amor.


Brindamos y continuamos la cena, entre risas y gestos de cariño, adoraba estar así con él. Era nuestra primera cena juntos, y aunque fuera un poco improvisada ya que no estaba planeada, a mí me pareció que no pudo ser más perfecta.


Al acabar de cenar recogimos un poco la cocina y el comedor y nos fuimos a la habitación juntos, yo, fruto del cansancio acumulado me tumbé directamente en la cama bocarriba:

Dani: ¿Te siguen doliendo los pies? –Preguntó sentándose a mi lado en la cama-
Yo: Un poquito, ¿por qué?
Dani: Ven, dame los pies... –Hice el amago de contestarle, pero él se me adelantó- Voy a darte un masajito... –Dijo guiñándome un ojo pícaramente-.
Yo: ¿Masajito no? ¿Y me puedo quedar dormida entonces? –Pregunté intentando picarle-.
Dani: No, queda prohibido.


Comenzó a darme el masaje por los pies, y como era de suponer el masaje llevó a todo lo demás y otra vez acabamos haciendo el amor, porque para los dos esto era hacer el amor, no simplemente sexo. Ahí nos demostrábamos con cada gesto, con cada palabra, con cada acto, con cada gemido que los dos nos queríamos realmente, que lo nuestro era amor verdadero.


Porque él hacía que en cualquier momento me sintiera especial, me sentía única e imprescindible para él. Lo mismo que él era para mí.