Capítulo 18: El reencuentro.
Narra Dani.
No pegué ojo, los recuerdos con ella y las suposiciones de
cómo podía transcurrir ese reencuentro invadieron mis pensamientos durante toda
esa noche. Sentía miedo, miedo de que ella no quisiera saber nada de mi, de que
hubiera encontrado a otro chico que la tratara como realmente merece, porque
eso que dicen de que hay que desear lo mejor a la persona de la que estás
enamorada es en parte mentira bajo mi opinión, porque siendo realistas... ¿quién
quiere que la chica de su vida sea feliz con otra persona? Claro que quiero que
sea feliz, pero que lo sea conmigo, como lo éramos antes.
Sé que la cagué, pero toda persona merece una segunda
oportunidad, ¿no? Yo estaba completamente dispuesto a recuperarla, sabía que me
iba a costar mucho, quizás más de lo que imaginaba, pero mi único objetivo era
volver a estar con ella y poder enmendar mi error haciéndola la chica más feliz
del planeta, porque ella se merecía eso y muchísimo más.
Me levanté de la cama con decisión, normalmente soy de esos
que siempre llegan tarde a todos los lados, puede que en varios aspectos. Pero
no quería llegar tarde, sabía que iba a verla, y quería cambiar esa imagen tan
horrible que probablemente Cris tuviera de mi en esos momentos. Por esa razón
había que empezar a cambiar malos hábitos, y por algo había que empezar. Por
primera vez en mucho tiempo puse mi despertador y me levanté a la hora.
Durante la mañana me duché, me vestí, desayuné, hice la
cama... ¿Sabéis qué? Tosas esas cosas tan cotidianas se hacían mucho más
entretenidas cuando la tenía a ella al lado, ahora cada acto me recordaba a
ella, a cómo siempre mantenía su sonrisa, hiciera lo que hiciera. Recordaba esa
mirada suya a cada paso que daba por mi casa. Todo el tiempo que pasamos juntos
en esas cuatro paredes había dejado huella, una huella imposible de borrar. Y en
ese momento sólo esperaba que todo eso, algún día, pudiera repetirse, pero esta
vez para siempre, sin dejarla escapar.
Porque de una manera u otra, el perderla a ella suponía el
perderme a mí mismo.
Puse rumbo a los estudios de Otra Movida, este era nuestro
primer día de ensayos y preparativos antes de que se empezara a emitir el
programa. Aunque nosotros seguíamos todos con el mismo equipo. Los únicos
nuevos eran Raúl Gómez, un chico que se dedicaría a hacer bromas por las calles
de Madrid y Cristina Pedroche, mi Cris. Sabía que ella se acomodaría fácilmente
en el equipo, con su simpatía se gana a todo el mundo y con los compañeros no
iba a ser menos.
Durante todo el trayecto no pude dejar de pensarla, no
quería que se sintiera incómoda con mi presencia, esperaba que no me guardara
rencor. Llegué al aparcamiento de los estudios diez minutos antes de la hora en
la que estábamos citados y no vi a nadie fuera, así que subí directamente a los
estudios y nada más subir las escaleras me topé con Flo de frente:
Flo: ¡Hombre Martínez! ¿Qué tal el verano? Tienes colorcito
y todo... –Dijo riéndose mientras me daba un gran abrazo, Flo es un amigo con
todas las letras-.
Yo: Estuve unos días por Ibiza, por León y estos últimos los
he pasado en Madrid, ¿y tú que tal por Los Ángeles? ¡Qué ya te pareces a las
estrellas de Hollywood, macho!
Flo: Pues con la familia y eso, bastante bien la verdad...
Y así nos fuimos hasta su despacho, que su nombre era tan
peculiar como él, “Flocucción”. Allí me dio el primer guión para practicar el
programa piloto. Me puse a leerlo y vi la parte del reportaje de Cris. Me quedé
embobado mirando su nombre... ¿en serio iba a poder hablarla en plató como si
nada? Lo cierto es que cada vez estaba más nervioso, la iba a ver en cuestión
de minutos. Y sabía que me iba a costar aparentar normalidad, sobretodo porque
se me caía la cara de vergüenza cada vez que recordaba lo que la hice. Pero
bueno, esto es trabajo, y aunque cueste hay que dejar estos asuntos a un lado
por unos instantes.
Flo notó como mi mirada seguía clavada en la parte del repor
de Cris:
Flo: Sé que te va a costar, pero por favor, no quiero
movidas. Tú ya sabías que ella iba a estar aquí y que este momento tenía que
llegar... –Dijo dándome una palmada en el hombro-.
Yo: -Desvié por fin la mirada del guión y la cambié al
suelo-. ¿Sabes si ella está aquí?
Flo: Estará por la cafetería de la calle de al lado con
Moni, ha llegado muy pronto y la he dicho que podía irse a tomar algo y así de
paso va conociendo a sus compañeros... –Sonreí inconscientemente, ¿la causa?
Sí, ella y su manía de llegar siempre pronto a todas partes, jamás llega tarde
a ningún sitio. Esa es una de nuestras muchas cosas diferentes, pero dicen
siempre que lo diferente atrae-.
Fueron pasando los minutos y la gente fue llegando, todos
estábamos en el comedor, reunidos alrededor de una mesa y contándonos las
típicas batallitas del verano. Más que compañeros, eran amigos. Me reía de
oírles decir tonterías y chorradas, aunque yo nunca era menos. Pero esa sonrisa
provocada del buen momento que estábamos pasando se transformó en una sonrisa
nerviosa cuando la vi aparecer por la puerta. Iba con Moni, Anna y Mary. Pero
en este momento yo sólo tenía ojos para ella.
No sabía si apartar la mirada o seguir con mi vista clavada
en ella, pero lo cierto es que el no verla desde hacía tanto tiempo me hizo
imposible el hecho de parar de mirarla. Estaba preciosa, entrón con esa sonrisa
que siempre lleva por bardera y que a todos encandila. Lucía más morena todavía
de lo ella ya es de por sí. En definitiva, estaba perfecta, como siempre ha
sido, es y será.
En un primer momento nos pusimos todos en pie para saludar a
las chicas una por una y observé como ella ni tan siquiera se dio cuenta de mi
presencia. Estábamos todos dispuestos como en una especie de corro, primero
saludé a Mery, con la que me llevaba genial.
A los pocos segundos ella se acercó a mi dándome dos besos,
esos dos besos en los que me di cuenta de que me sabían a poco, pero no me podía
quejar, después de todo está demostrando que es toda una mujer con el simple
hecho de saludarme cordialmente. Acompañó esos besos con un “hola” y siguió
saludando y conociendo al resto de la gente. Me sorprendió que actuara como si
nada hubiese pasado, había sido muy fría, pensaba que la iba a costar mucho más
verme de lo que demostró. Pero la vida te da muchas sorpresas.
Me quedé como en una nube tras volver a apreciar ese perfume
suyo tan peculiar, tan suyo, tan dulce... esa mezcla de manzana y vainilla que
siempre me había vuelto loco.
Al momento de sumergirme de mis pensamientos vino Anna a
sacarme de ellos:
Anna: ¡Martínez, baja a la tierra anda! –Dijo con una de sus
adorables carcajadas-.
Yo: Ya estoy en la tierra abuela... ¡Ven aquí! –Y la
abracé, ella es una amiga de las que ya no hay para mí, siempre me controla y
me da consejos cuando los necesito, y ahora, si nque yo la dijera nada, no iba
a ser menos-.
Anna: -En mi oído- Deja de comerla con la mirada y cuando
sea, no la presiones, intenta hablar con ella y aclarar las cosas. –Me dijo con
una sonrisa tierna-.
Anna era de las pocas personas a las que comenté lo mío con
Cris. Ella jamás estuvo de acuerdo con lo que hice, pero digamos que en parte
entendió que aunque la cagara, era para protegerla, aunque al final acabara
haciéndola más daño.
La charla en el comedor continuó durante unos minutos más y
ella estaba en la otra punta de la mesa, no me había mirado en ningún momento,
al contrario que yo, que pese a que Anna me lo advirtiera no pude dejar de observar
detenidamente esa preciosa sonrisa, esos ojos marrones, enormes. Lo admito, el
volver a verla no ha hecho si no más que confirmar mis sospechas, la seguía
queriendo igual o incluso más que antes.
Soy de los que tienen la opinión de que todo lo malo que te
pase siempre tiene algo positivo. Y el haber hecho eso que hice y no volver a
verla hasta ahora, me ha hecho darme cuenta de que la quiero y que no puedo
vivir sin ella. Por primera vez en toda mi vida estoy seguro de algo, y es de
que no la puedo dejar marchar otra vez, porque entonces podría ser definitivo.
Tengo que luchar por ella y recuperarla.
Veía como Flo le daba su guión y la gente empezaba a
marcharse cada uno a un lado ya que Mery nos había comunicado que en quince
minutos empezábamos con los primeros ensayos. Vi como Cris salía por la puerta,
suponía que se dirigía a su camerino. Así que salí del comedor y fui corriendo
por el pasillo, no aguantaba más, tenía que hablar con ella cuanto antes.
Cuando la vi a punto de entrar en su camerino la detuve
agarrándola del brazo, lo que ella hizo que se girara y después de tanto tiempo
nuestras miradas volvieran a chocarse.