domingo, 14 de octubre de 2012

Capítulo 20


Capítulo 20: Aparente normalidad.



Narra Dani



Llegué hasta la puerta de aquel restaurante y aparqué el coche. Vine durante todo el trayecto pensando en qué podía pasar, en qué debería hacer, en cómo reaccionaría ella si yo hiciera algo, en definitiva... no pude dejar de pensarla.


Bajé del coche y vi en la puerta a Flo, David, Juanger y Raúl charlando. Me acerqué hasta ellos, les saludé y continué la conversación que tenían, sinceramente no me estaba enterando bien de nada, mi mente estaba por completo en otra parte.  La gente fue llegando y fuimos pasando al interior del local. Yo seguía perdido en mis pensamientos, me limitaba a seguir a los demás. Y conociéndome como me conoce, Flo sabía de sobra a qué se debía mi estado:

Flo: ¡Eh! Tío... –Dijo chasqueando sus dedos cerca de mi cara mientras se reía, no lo pude evitar y me puse a reír también debido a la comicidad de la situación- ¿Dónde tienes la cabeza? –Yo aún seguía riéndome- Bueno, mejor ni pregunto, que ya se la respuesta...
Yo: -Paré un instante de reír- Sí, creo que ya la sabes...


En ese momento vi a gran parte de las chicas del equipo entrar por la puerta del restaurante. Todavía tenía ese miedo a que ella no viniese, pero a medida que fueron pasando me tranquilicé al verla riendo con Anna. Cris tenía la risa más preciosa del mundo. No pude evitar que en mi cara se dibujara una sonrisa, el verla aparentemente feliz me calmaba, me hacía bien.


Como ya estábamos todos, fuimos tomando asiento en la mesa reservada para todos nosotros. Por más que la miraba parecía que ella estaba evitando chocar su mirada contra la mía. Pero casualidades del destino, o no, la tocó ponerse justo enfrente de mi. Anna estaba sentada a su lado y parecía que Cris iba a pedirla intercambiar los sitios, pero Anna, la cual no sé si era la responsable de que ambos nos sentáramos en frente, siguió hablando con Meri.


Todos estaban charlando, riendo, o entretenidos en otras cosas sin más. Mi mirada seguía clavada en ella, mi intención no era ponerla nerviosa, tan sólo quería observarla detenidamente, como hacía tiempo. Sabía que la estaba incomodando y ella seguía sin dirigirme una sola palabra o una simple mirada. Pero no quería que me siguiera ignorando, quería obtener cualquier cosa por su parte, necesitaba sentir que no la era indiferente. No tenía otra opción que hacerme caso. Pero por si acaso, yo la di un "empujoncito"...

Yo: ¿No piensas decirme nada?
Cris: ¿Qué quieres que te diga? –Dijo aún sin mirarme.
Yo: No sé, que pare o algo... ¿Por qué no te atreves?
Cris: -Me miró por fin desafiante- Claro que me atrevo.
Yo: Llevamos un rato así, estabas incómoda y no me decías nada...
Cris: No tengo nada que decirte...
Yo: ¿Entonces por qué me hablas? Tus palabras y tus actos no se ponen de acuerdo, ¿eh? –Dije en un tono burlesco-.
Cris: ¿Qué pretendes? –Dijo desconcertada.
Dani: Nada, ¿y tú? –La situación era bastante graciosa-.
Cris: -Se rió levemente mientras agachó su cabeza mientras negaba, como antes hacía, echaba tanto de menos esos detalles suyos...-


Todos fuimos pidiendo la cena al camarero y a medida que nos la trajeron a todos empezó oficialmente la cena del equipo, un equipo al que se le habían unido un par de personas. Raúl, un tipo algo loco con el que creía que podría llegar a ser un amigo; y Cris, qué puedo decir de ella...


Por mucho que ella lo evitara, durante el transcurso de esa cena cruzamos varias miradas, yo me limitaba simplemente a sonreírla, para en cierto modo darla tranquilidad, que no hubiera malos royos... y ella en alguna ocasión me devolvía otra sonrisa. No sé si eso era bueno o era malo. Aparentemente es bueno, pero, ¿y si eso quiere decir que está pasando página? Me encantaría que lo hiciera, pero el temor a que quisiera pasar página o que ya lo estuviera haciendo se apoderaba de mi.


La cena acabó y yo continué charlando con David, Raúl, Berni y demás gente. Al acabar entre todos decidimos ir a algún local a tomar unas copas. El local estaba relativamente cerca y nos montamos varios en algunos coches para tener más facilidades a la hora de aparcar. Cris iba en el coche de Moni y yo en el mío llevando a varios compañeros.


Todos llegamos allí prácticamente a la vez. Fuimos pasando al interior y una vez allí nos encontrábamos divididos en varios grupitos. Al principio nos dividimos en chicos, que estábamos charlando y haciendo tontunas en la barra, y chicas, que la mayoría fueron directas a la pista.


No paraba de observar desde la barra cada gesto suyo al bailar, como sonreía de medio lado, como sin darse cuenta cogía un mechón de su cabello, como movía sus caderas al compás de la música que allí sonaba... pequeños gestos y pequeños detalles que hacían que enamorarse aún más de ella fuera algo inevitable.


Al cabo de un rato varias de las chicas se acercaron al otro lado de la barra y esperaron a que el camarero les atendiera. Percibí como un chico que estaba cerca de ellas, bastante guapete aunque me joda reconocerlo, no paraba de mirar a Cris.


No paré de mirar sin apenas disimular durante varios minutos y he de reconocer que el gilipollas ese me estaba poniendo bastante nervioso. Se estaba comiendo a Cris con la mirada, su mirada no era para nada limpia, a saber la clase de cosas que se le pasaban por la mente mientras la miraba. No podía aguantar más esa situación. Sentía la necesidad de parar todo esto, de actuar, y así lo hice. Me dirigí hacia el otro lado de la barra y me apoyé justo al lado de Cris.

Yo: ¿Puedo invitarte a una copa? –Pregunté susurrándola al oído mientras mi nariz rozó suavemente con su pequeña oreja. Noté como su piel se erizó y yo naturalmente, sonreí-.
Cris: ¡Joder, Dani! ¡Qué susto me has dado! ¡Estaba distraída! –Dijo exaltada mientras se apartó unos centímetros-.
Yo: -Riendo- Lo siento Pedroche... pero aún no has respondido a mi pregunta, ¿puedo o no puedo?
Cris: Dani... ¿Por qué quieres invitarme a una copa ahora? –Me preguntó desconcertada-.
Yo: No sé, me apetece... –Guiñándola un ojo-.
Cris: ¿Qué te apetece? Después de todo... te apetece...
Yo: ¿No me puede apetecer? Vamos Cris... Es sólo una copa... No voy a hacerte nada...
Cris: Aunque no lo sepas, tú siempre me haces algo... –Se creó un silencio algo incómodo para los dos que ella decidió romper-. Pero bueno, acepto... ¡Pero sólo una! Que no quiero beber mucho... mañana tengo mi primer repor...


No hizo falta ni preguntar lo que quería, la conocía demasiado como para eso. Pedí un malibú con piña para ella y un ron cola para mí. No fuimos a ninguna parte, nos quedamos en la barra con mucha más gente, pero por primera vez en mucho tiempo sentí que teníamos algo de intimidad. No era nada fuera de lo común, pero estábamos centrados únicamente en escucharnos el uno al otro, dejando por un momento los rencores a un lado. Tampoco hablamos de nada en especial , simplemente de cómo recibió la noticia de que trabajaría con nosotros y de los reportajes que tenía planeados hacer. No quería meterme en temas del pasado todavía, aunque sé que nos debíamos una conversación sobre todo lo que ocurrió. Pero no quería romper ese momento, las demás conversaciones ya llegarían. Me gustaba escucharla. Añoraba demasiado su dulce voz.


Sin apenas darnos cuenta se nos echó el tiempo encima. Parece que a los dos nos estaba gustando aquella situación y ya habían pasado un par de horas.

Cris: Se me ha pasado el tiempo volando... Pero ya te he dicho lo del repor de mañana... Tengo que madrugar...
Yo: No has traído coche, ¿no?
Cris: No, he venido con Moni... Voy ahora a buscarla. –Dijo girando la cabeza para la pista intentando verla-.
Yo: -Señalando con el dedo índice a una parte de la pista- Mírala, está con Mery dándolo todo. ¿Vas a cortarla el royo? -Dije entre risas-.
Cris: Ella también tiene que venir mañana...
Yo: ¿Y no crees que ya es mayorcita? Yo te puedo llevar a casa... tengo ganas de marcharme también...
Cris: No creo que sea una buena idea, Dani. –Dijo mirándome fijamente a los ojos-.
Dani: Cris... por favor... quiero hacerlo, déjame hacerlo. –Dije convencido de mi mismo-.


Finalmente cedió y ambos salimos del local, yo salí por delante de ella y no podía evitar girar la cabeza de vez en cuando para cerciorarme de que ella me seguía, de que no se arrepentía.


 Salimos a la calle y mi coche estaba prácticamente en la puerta, así que apenas hubo que caminar. La abrí la puerta del copiloto para facilitar su entrada y ella se limitó a sonreír. Ese hecho no hizo más que aumentar mis nervios. Creo que los dos sabíamos que este era un momento demasiado adecuado para afrontar esa conversación que aún teníamos pendiente.


Me monté en el coche sabiendo que este momento que estaba por venir podía ser muy trascendente. Demasiado quizás. Ya fuese para bien o para mal.

martes, 2 de octubre de 2012

Capítulo 19


Capítulo 19: Sus palabras.



Narra Dani.



Y en ese momento, en ese preciso momento supe que esa aparente normalidad e indiferencia del rato anterior no era real. Su mirada se clavó en mi como un cuchillo recién afilado, nunca me había mirado así desde que la conocía, es extraño, pero con tan solo mirarla fijamente a los ojos me di cuenta de gran parte de sus sentimientos hacia mí habían cambiado.


Su mirada era bajo mi opinión una mezcla entre tristeza y dolor. Sinceramente, no sabéis lo que me dolió eso. Pero quería hablarla, ganarme de nuevo su confianza a base de actos, que al final, es dónde realmente se demuestran las cosas.


Bajó la vista hacia mi mano, que seguía sosteniendo su brazo y yo rápidamente la aparté, no quería incomodarla:

Yo: Perdona... –Dije temeroso al no saber si iba a recibir una respuesta-.
Cris: No pasa nada... ¿Querías algo? –Me preguntó sin tan ni siquiera mirarme a la cara-.
Yo: Sí, primero que me mires. –Mientras llevé mis dedos hasta su pequeña barbilla para levantar su cara y que viera en mis ojos arrepentimiento y finalmente me miró; yo no pude evitar sonreírla-. Y segundo... quería hablar contigo.
Cris: Ahora quieres hablar, ¿no? –Mi sonrisa desapareció, notaba cierto rencor en sus palabras, hecho que entendía, pero no podía evitar el sentirme mal, aunque ya debería habérmelo esperado-. ¿Sabes cuántas veces quise hablar yo contigo? ¿Sabes cuántas veces te llamé? –Asentí con la cabeza y esta vez fui yo el que agachó la cabeza- ¿Sabes cuántas veces me ignoraste? Sí lo sabes, ¿verdad? Pues ahora también deberás saber el por qué yo no quiero hablar ahora...



Se dio la vuelta y marchó al interior de su camerino cerrándome la puerta casi en las narices. Odiaba esta situación, odiaba las palabras que me había dedicado, pero lo peor es que la entendía perfectamente... Sabía que me iba a costar recuperarla, pero tras este reencuentro estaba claro que me iba a costar mucho más de lo que esperaba, si es que lo conseguía...


Me dirigí a mi camerino, que casualidades de la vida... estaba justo al lado del suyo, materialmente tan sólo nos separaba una pared, pero ambos sabíamos que nos separaban muchas otras cosas más...


Cogí mi guión de nuevo y marché al nuevo plató, había cambiado mucho desde TLJ, pero a partir de ahora este iba a ser uno de los lugares en los que pasaría gran parte de mi tiempo, y dónde también me gustaría que sucedieran grandes cosas.


Me senté en la que ahora era mi silla y esperé a que llegaran los demás compañeros. Mis pensamientos tenían una única dueña, Cristina.


La gente fue llegando poco a poco, pero ella todavía no había llegado. A los pocos minutos la vi aparecer con Anna, parece que la sonrisa con la que llegó a trabajar esta mañana se le había borrado tras nuestro pequeño encuentro, y yo no podía sentirme peor por ello. Pero ahora era tiempo de trabajar, ya dejaríamos los temas más personales para otro momento.


Empezamos el programa piloto y todo salió sobre ruedas. Empezamos Flo, Anna y yo y luego dimos paso a Cris, que apareció y con ella su sonrisa ante las cámaras. Es increíble, es capaz de poner una sonrisa en su cara para no preocupar a nadie incluso cuando lo está pasando realmente mal. Con tan sólo veintidós años es una verdadera profesional. No hace falta decir que no pude quitarla ojo cuando estaba en su sección, y cuando no lo estaba también... Realmente creo que me estaba obsesionando y no quería que ella lo notara, no quería presionarla; tan sólo demostrarla que aunque lo hice mal, lo hice porque la quería, y quería que ahora se diese cuenta de que aunque haya pasado el tiempo, yo la sigo amando.


Al finalizar ese primer “ensayo” estuvimos todo el equipo comentando las secciones que tendría este nuevo programa. Parece ser que Cris ya se había integrado bastante bien, porque se pasó todo el tiempo que duró la reunión comentando no se qué cosas con Anna y Moni. Yo me llevaba realmente bien con Anna, así que al acabar la reunión vi cómo se separaba de Cris y la aparté un instante para poder hablar con ella, para pedirla consejo, que es lo que necesitaba:

Anna: Tranquilo que no estábamos hablando de ti... –Dijo guiñándome un ojo cómplicemente-.
Yo: ¿Te ha dicho algo desde que ha llegado? –Digo en tono bajo para procurar que nadie nos escuchara-.
Anna: Creo que no quiere tocar el tema... Pero Dani... Compréndela, no es una situación ni cómoda ni fácil para ella.
Yo: Ni para mí... –Dije agachando la cabeza y dirigiendo mi mirada al suelo-.
Anna: Bueno... no es cómodo, pero habrá que intentar arreglar la situación un poco, ¿no? –Dijo sonriéndome-. ¿Vas a venir a la cena de hoy?
Yo: ¿Qué cena? –Pregunté desconcertado-.
Anna: Desde luego estás que no estás Daniel... ¡La cena de esta noche con el equipo! –Siendo sincero se me había olvidado por completo-.
Yo: ¡Ah! Ya... pues no sé si iré... ¿Sabes si va a ir ella? –Pregunté impaciente de saber la respuesta-.
Anna: Pues parece que no tiene muchas ganas... pero no te preocupes que la estoy convenciendo... vienes, ¿no? –Dijo con cara de ilusión-.
Yo: No creo Anna... no creo que ella esté a gusto estando yo ahí...
Anna: Dani, por favor, no podéis estar así toda la vida... Hoy tienes una gran oportunidad de hablar con ella y de intentar que está situación no esté así siempre. –Me dijo seria. Creo que tenía razón-.
Yo: No sé cómo lo haces... pero siempre me acabas convenciendo... –Ella puso una sonrisa de satisfacción y yo me limité a negar con mi cabeza mientras reía levemente-.
Anna: Antes de que te vayas te voy a pedir una cosa...
Yo: Dime.
Anna: No la cagues de nuevo, pero sobretodo... no la hagas daño, no lo merece.


Me limité a asentir con la cabeza y dejarla un pequeño beso en la frente, con Anna tenía la sensación de encontrar en ella siempre una gran ayuda, es una gran amiga.


Me despedí de todos mis compañeros y muchos pusimos rumbo cada uno a sus casas.
Durante el trayecto en el coche no pude dejar de reproducir una y mil veces esas palabras suyas: “Ahora quieres hablar, ¿no?” “¿Sabes cuántas veces quise hablar yo contigo?” “¿Sabes cuántas veces te llamé?” “Sabes cuántas veces me ignoraste? Sí lo sabes, ¿verdad? Pues ahora también deberás saber el por qué yo no quiero hablar ahora...” Todas y cada una de sus palabras se habían grabado en mí como a fuego... Lo que peor me hacía sentir era saber que yo la incomodaba, que no se sentía cómoda conmigo. Después de tantas cosas vividas a su lado me costaba asimilar toda esa situación. Inconscientemente algunas lágrimas hicieron acto de presencia en mis ojos y recorrieron mis mejillas... no lo pude evitar...


Parece mentira, yo llorando por una mujer... En cuestión de meses yo había cambiado radicalmente. Hace tan sólo unos cuantos meses me parecía totalmente impensable llegar al punto de llorar por una chica, es más, en todo caso serían ellas las que lloraban por mí. Puede sonar un tanto chulesco, pero la situación realmente era así. Hasta que llegó ella. Ella descolocó mi vida por completo y la puso patas arriba. Desde el primer momento ella llamó mi atención, desde la primera vez que vi su espectacular cuerpo me dejó encandilado, pero al ir más allá y perderme en esos enormes ojos marrones me enamoró.


Llegué a mi casa, me pegué una ducha para intentar despejarme, me vestí y me entretuve un poco con Twitter haciendo tiempo hasta que fuera la hora de marcharme. Esta vez no iba a llegar tarde como siempre, quería que ella viera en mí un cambio de actitud. Aunque de momento sólo consistiese en estos pequeños detalles.


A mi hora cogí de nuevo el coche con dirección al restaurante dónde todos habíamos quedado, mi objetivo era muy claro: NO VOLVER A PERDERLA.