Capítulo 20: Aparente normalidad.
Narra Dani
Llegué hasta la puerta de aquel restaurante y aparqué el
coche. Vine durante todo el trayecto pensando en qué podía pasar, en qué
debería hacer, en cómo reaccionaría ella si yo hiciera algo, en definitiva...
no pude dejar de pensarla.
Bajé del coche y vi en la puerta a Flo, David, Juanger y
Raúl charlando. Me acerqué hasta ellos, les saludé y continué la conversación
que tenían, sinceramente no me estaba enterando bien de nada, mi mente estaba
por completo en otra parte. La gente fue
llegando y fuimos pasando al interior del local. Yo seguía perdido en mis pensamientos,
me limitaba a seguir a los demás. Y conociéndome como me conoce, Flo sabía de
sobra a qué se debía mi estado:
Flo: ¡Eh! Tío... –Dijo chasqueando sus dedos cerca de mi
cara mientras se reía, no lo pude evitar y me puse a reír también debido a la
comicidad de la situación- ¿Dónde tienes la cabeza? –Yo aún seguía riéndome-
Bueno, mejor ni pregunto, que ya se la respuesta...
Yo: -Paré un instante de reír- Sí, creo que ya la sabes...
En ese momento vi a gran parte de las chicas del equipo
entrar por la puerta del restaurante. Todavía tenía ese miedo a que ella no
viniese, pero a medida que fueron pasando me tranquilicé al verla riendo con
Anna. Cris tenía la risa más preciosa del mundo. No pude evitar que en mi cara
se dibujara una sonrisa, el verla aparentemente feliz me calmaba, me hacía
bien.
Como ya estábamos todos, fuimos tomando asiento en la mesa
reservada para todos nosotros. Por más que la miraba parecía que ella estaba
evitando chocar su mirada contra la mía. Pero casualidades del destino, o no,
la tocó ponerse justo enfrente de mi. Anna estaba sentada a su lado y parecía
que Cris iba a pedirla intercambiar los sitios, pero Anna, la cual no sé si era
la responsable de que ambos nos sentáramos en frente, siguió hablando con Meri.
Todos estaban charlando, riendo, o entretenidos en otras
cosas sin más. Mi mirada seguía clavada en ella, mi intención no era ponerla
nerviosa, tan sólo quería observarla detenidamente, como hacía tiempo. Sabía
que la estaba incomodando y ella seguía sin dirigirme una sola palabra o una
simple mirada. Pero no quería que me siguiera ignorando, quería obtener
cualquier cosa por su parte, necesitaba sentir que no la era indiferente. No
tenía otra opción que hacerme caso. Pero por si acaso, yo la di un "empujoncito"...
Yo: ¿No piensas decirme nada?
Cris: ¿Qué quieres que te diga? –Dijo aún sin mirarme.
Yo: No sé, que pare o algo... ¿Por qué no te atreves?
Cris: -Me miró por fin desafiante- Claro que me atrevo.
Yo: Llevamos un rato así, estabas incómoda y no me decías nada...
Cris: No tengo nada que decirte...
Yo: ¿Entonces por qué me hablas? Tus palabras y tus actos no
se ponen de acuerdo, ¿eh? –Dije en un tono burlesco-.
Cris: ¿Qué pretendes? –Dijo desconcertada.
Dani: Nada, ¿y tú? –La situación era bastante graciosa-.
Cris: -Se rió levemente mientras agachó su cabeza mientras
negaba, como antes hacía, echaba tanto de menos esos detalles
suyos...-
Todos fuimos pidiendo la cena al camarero y a medida que nos
la trajeron a todos empezó oficialmente la cena del equipo, un equipo al que se
le habían unido un par de personas. Raúl, un tipo algo loco con el que creía
que podría llegar a ser un amigo; y Cris, qué puedo decir de ella...
Por mucho que ella lo evitara, durante el transcurso de esa
cena cruzamos varias miradas, yo me limitaba simplemente a sonreírla, para en
cierto modo darla tranquilidad, que no hubiera malos royos... y ella en alguna
ocasión me devolvía otra sonrisa. No sé si eso era bueno o era malo.
Aparentemente es bueno, pero, ¿y si eso quiere decir que está pasando página?
Me encantaría que lo hiciera, pero el temor a que quisiera pasar página o que
ya lo estuviera haciendo se apoderaba de mi.
La cena acabó y yo continué charlando con David, Raúl, Berni
y demás gente. Al acabar entre todos decidimos ir a algún local a tomar unas
copas. El local estaba relativamente cerca y nos montamos varios en algunos
coches para tener más facilidades a la hora de aparcar. Cris iba en el coche de
Moni y yo en el mío llevando a varios compañeros.
Todos llegamos allí prácticamente a la vez. Fuimos pasando
al interior y una vez allí nos encontrábamos divididos en varios grupitos. Al
principio nos dividimos en chicos, que estábamos charlando y haciendo tontunas
en la barra, y chicas, que la mayoría fueron directas a la pista.
No paraba de observar desde la barra cada gesto suyo al
bailar, como sonreía de medio lado, como sin darse cuenta cogía un mechón de su
cabello, como movía sus caderas al compás de la música que allí sonaba...
pequeños gestos y pequeños detalles que hacían que enamorarse aún más de ella
fuera algo inevitable.
Al cabo de un rato varias de las chicas se acercaron al otro
lado de la barra y esperaron a que el camarero les atendiera. Percibí como un
chico que estaba cerca de ellas, bastante guapete aunque me joda reconocerlo,
no paraba de mirar a Cris.
No paré de mirar sin apenas disimular durante varios minutos
y he de reconocer que el gilipollas ese me estaba poniendo bastante nervioso.
Se estaba comiendo a Cris con la mirada, su mirada no era para nada limpia, a
saber la clase de cosas que se le pasaban por la mente mientras la miraba. No
podía aguantar más esa situación. Sentía la necesidad de parar todo esto, de
actuar, y así lo hice. Me dirigí hacia el otro lado de la barra y me apoyé justo
al lado de Cris.
Yo: ¿Puedo invitarte a una copa? –Pregunté susurrándola al
oído mientras mi nariz rozó suavemente con su pequeña oreja. Noté como su piel
se erizó y yo naturalmente, sonreí-.
Cris: ¡Joder, Dani! ¡Qué susto me has dado! ¡Estaba distraída!
–Dijo exaltada mientras se apartó unos centímetros-.
Yo: -Riendo- Lo siento Pedroche... pero aún no has
respondido a mi pregunta, ¿puedo o no puedo?
Cris: Dani... ¿Por qué quieres invitarme a una copa ahora?
–Me preguntó desconcertada-.
Yo: No sé, me apetece... –Guiñándola un ojo-.
Cris: ¿Qué te apetece? Después de todo... te apetece...
Yo: ¿No me puede apetecer? Vamos Cris... Es sólo una copa...
No voy a hacerte nada...
Cris: Aunque no lo sepas, tú siempre me haces algo... –Se
creó un silencio algo incómodo para los dos que ella decidió romper-. Pero
bueno, acepto... ¡Pero sólo una! Que no quiero beber mucho... mañana tengo mi
primer repor...
No hizo falta ni preguntar lo que quería, la conocía
demasiado como para eso. Pedí un malibú con piña para ella y un ron cola para
mí. No fuimos a ninguna parte, nos quedamos en la barra con mucha más gente,
pero por primera vez en mucho tiempo sentí que teníamos algo de intimidad. No
era nada fuera de lo común, pero estábamos centrados únicamente en escucharnos
el uno al otro, dejando por un momento los rencores a un lado. Tampoco hablamos
de nada en especial , simplemente de cómo recibió la noticia de que trabajaría
con nosotros y de los reportajes que tenía planeados hacer. No quería meterme
en temas del pasado todavía, aunque sé que nos debíamos una conversación sobre
todo lo que ocurrió. Pero no quería romper ese momento, las demás
conversaciones ya llegarían. Me gustaba escucharla. Añoraba demasiado su dulce
voz.
Sin apenas darnos cuenta se nos echó el tiempo encima.
Parece que a los dos nos estaba gustando aquella situación y ya habían pasado
un par de horas.
Cris: Se me ha pasado el tiempo volando... Pero ya te he
dicho lo del repor de mañana... Tengo que madrugar...
Yo: No has traído coche, ¿no?
Cris: No, he venido con Moni... Voy ahora a buscarla. –Dijo girando
la cabeza para la pista intentando verla-.
Yo: -Señalando con el dedo índice a una parte de la pista-
Mírala, está con Mery dándolo todo. ¿Vas a cortarla el royo? -Dije entre risas-.
Cris: Ella también tiene que venir mañana...
Yo: ¿Y no crees que ya es mayorcita? Yo te puedo llevar a
casa... tengo ganas de marcharme también...
Cris: No creo que sea una buena idea, Dani. –Dijo mirándome
fijamente a los ojos-.
Dani: Cris... por favor... quiero hacerlo, déjame hacerlo. –Dije
convencido de mi mismo-.
Finalmente cedió y ambos salimos del local, yo salí por
delante de ella y no podía evitar girar la cabeza de vez en cuando para
cerciorarme de que ella me seguía, de que no se arrepentía.
Salimos a la calle y
mi coche estaba prácticamente en la puerta, así que apenas hubo que caminar. La
abrí la puerta del copiloto para facilitar su entrada y ella se limitó a
sonreír. Ese hecho no hizo más que aumentar mis nervios. Creo que los dos
sabíamos que este era un momento demasiado adecuado para afrontar esa
conversación que aún teníamos pendiente.
Me monté en el coche sabiendo que este momento que estaba
por venir podía ser muy trascendente. Demasiado quizás. Ya fuese para bien o
para mal.