jueves, 27 de diciembre de 2012

Capítulo 22


Capítulo 22: Como en los viejos tiempos.


Narra Dani.



Ocho y media de la mañana. Sonaba el despertador pero sin cumplir su función habitual. No me desperté por el simple hecho de que ya lo estaba. Esa noche apenas pude dormir, estuve dando vueltas al tema de siempre, supongo que podéis adivinar cual es. Hoy la volvería a ver y eso me ponía nervioso. Como ya la dije la noche anterior, yo no estaba dispuesto a pasa página.


Me levanté y me dirigí al baño directamente. Me puse frente al espejo reflejando en él mi imagen. Cojonudo, estaba hecho un cuadro. Mis ojeras delataban bastante bien que no había pegado ojo, y según la fama que ya tenía hecha, más de uno se pensaría que después de la cena me había ido de juerga yo sólo otra vez.


Me intento adecentar un poco y vuelvo a salir del baño. Me visto y hago mi cama. Es una gilipollez, pero hasta en eso la echaba de menos. Cada mañana recordaba cuando los dos hacíamos esa cama y en ocasiones la volvíamos a deshacer en menos de dos minutos. Al terminar fui a la cocina, no tenía excesivas ganas de desayunar y tan sólo me tomé un café. Hoy quería estar pronto en el trabajo, no quería empezar de nuevo siendo el que siempre llega tarde.


Salí de casa con las llaves del coche y las de casa en una mano y con el móvil en otra. Bajé las escaleras de mi portal y me dirigí hasta mi coche. El transcurso desde mi casa hasta los estudios no era demasiado largo, tardé aproximadamente veinticinco minutos. Por ahora estaba relajado, sabía que no me la iba a encontrar nada más llegar. Ella estaría haciendo todavía su reportaje.


Llegué al aparcamiento y todavía no había muchos coches. Objetivo conseguido, no sólo había sido puntual sino que además había llegado antes de la hora. Bajé del coche y llegué hasta el comedor. Me encontré con la escena de siempre, Flo y Juanger poniendo en una bandeja todos los churros que habían comprado. Esto lo hacíamos siempre en TLJ y por lo que se veía no íbamos a perder las viejas costumbres. Me senté con ellos en la gran mesa y fuimos esperando a que llegaran los demás compañeros.


Cuando todos llegaron desayunamos como la gran familia que somos. Salí del comedor al finalizar y me fui hasta mi camerino para recoger el guión provisional del primer programa. No nos quedaba casi nada para que se empezara a emitir ‘Otra Movida’ y a todos se nos notaban esas ganas de trabajar, de comenzar esta nueva etapa.


Ya estábamos en el plató cuando la vi aparecer. A ella y a su incansable sonrisa. Tras ella también aparecieron Moni y Aguirre, a los que estábamos esperando para poder empezar con ese programa piloto.


Ella saludó a Anna, y a Mery y rápidamente se sentó en el que a partir de ahora sería su sillón en plató. Parecía que las chicas del equipo habían hecho muy buenas migas en muy poco tiempo. Íbamos justos de tiempo, así que todos nos colocamos en nuestras posiciones y comenzamos a grabar. Tenerla a ella como nueva reportera nos vino muy bien. Aportaba frescura y felicidad al programa. Y para qué engañarnos, a mí me daba la vida cada vez que la veía sonreír.


Acabamos oficialmente la jornada y me dirigí hacia Cris sorprendiéndola por detrás.

Yo: Hola novata. –Dije en un susurro pegado a su oído-.
Cris: ¡Joder! ¿Te estás aficionando a darme sustos, o qué? –Dijo alterada-.
Yo: -Riendo- No es eso, es que me gusta ponerte nerviosa.
Cris: Tonto... –Dijo poniendo pucheros-.


Entre tontería y tontería nos pasamos unos minutitos haciendo el tonto. Pero yo hoy tenía un objetivo fijado, recuperarla poquito a poquito. No quería esperar a que pasara el tiempo. Mi felicidad no podía depender de eso. Quería que ella viera mi actitud. Que se diera cuenta de que ahora sí estaba dispuesto a estar con ella y no dejarla marchar nunca.

Yo: Cris... ¿me dejarías proponerte algo? –Dije sonriendo-.
Cris: A ver... Miedo me das, dime. –Dijo guiñándome un ojo-.
Yo: Igual piensas que es un poco precipitado, pero yo no creo que lo sea... ¿Cenas conmigo esta noche? –Lo solté apenas sin pensarlo, no quería darle más vueltas a lo que debía hacer y lo que no, en ese momento solo esperaba ese ‘sí’ por su parte.
Cris: -Se limitó a sonreír- Dime sitio.
Yo: No te preocupes, de eso me encargo yo. A las ocho y media estate preparada en tu casa, ¿vale?


Se marchó sin decirme nada, simplemente con una sonrisa. Esa sonrisa caló hondo en mí. No podía creerme que hubiera accedido a darme esta oportunidad. En cierta manera esta era una señal de que las cosas podrían volver a encauzarse. Que nuestros caminos se iban a unir de nuevo. No quería hacerme demasiadas ilusiones, pero eso era inevitable. Ella es la que me estaba dando esperanzas. Y sé que no jugaría conmigo, que si realmente me estaba aportando esperanzas es porque también quería estar conmigo.


Cuando se marchó Anna, que apareció de la nada, vino hacia mí.

Anna: Pinta bien esto, ¿no? –Dijo ilusionada-.
Yo: Pues igual me estoy emocionando demasiado, pero yo creo que sí...
Anna: No desaprovechas tu oportunidad, ¿vale? No la hagas daño de nuevo... No lo merece. –Dándome una suave palmadita en la espalda-.
Yo: No te preocupes, he aprendido de mis errores. –Guiñándola un ojo-.
Anna: Ay mi Dani... ¡Qué se está haciendo todo un hombre! –Me limité a soltar una carcajada y a abrazarla-.


Anna es una de esas personas que siempre están dispuestas a ayudarte. Siempre tenía un consejo adecuado en el momento oportuno.


Me despedí de todos mis compañeros hasta mañana y fui al aparcamiento a coger mi coche para marcharme a casa. Todavía tenía unas cuantas cosas que hacer antes de la cena.
Llegué a casa con la ilusión de un niño. Tenía unas ganas inmensas de preparar todo. Llamé a ese restaurante, a su favorito, para encargar una mesa para dos. Llamé también a la floristería más cercana para encargar un ramo de tulipanes amarillos, ese color que tanto le gustaba. Si me hubieran dicho hace un par de años que yo iba a ser capaz de hacer estas cosas sólo por una chica me hubiera reído hasta la saciedad. Pero es que hay cosas que te hacen cambiar radicalmente, y aunque suene demasiado ñoño, el amor es una de ellas. Y ahora mismo estaba convencido de que lo que sentía por ella era amor del de verdad.


Me arreglé con una de mis habituales camisas a cuadros y listo. Marché a su casa, a buscarla.
Otra vez ahí, esperándola en el portal de su casa, como en los viejos tiempos. 


Al verla aparecer tras esa puerta no pude reprimir una sonrisa. Estaba completamente preciosa.